¿Y qué si Orlando Zapata Tamayo no fuese un disidente?
Héctor Juanatey | 3 marzo, 2010El próximo 18 de marzo se cumplen siete años de uno de los más conocidos episodios de represión en Cuba, la denominada Primavera Negra, que se saldó con la detención de 75 cubanos que únicamente estaban ejerciendo su derecho al libre pensamiento. Los 75 detenidos fueron reconocidos inmediatamente como presos de conciencia por Amnistía Internacional y generaron la opinión número 9 de 2003 del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que declaraba inocentes a todos los opositores políticos pacíficos arrestados, pidiendo su liberación incondicional.
Al final de esa lista, ordenada siempre por orden alfabético, aparece el nombre de un, por aquel entonces, joven de 36 años. Fue detenido el día 20 junto a otros disidentes mientras participaban en una huelga de hambre en la Fundación Jesús Yáñez Pelletier, cuyo objetivo no era otro que apoyar la petición de libertad de otros compañeros de la disidencia en prisión. Se le acusó de desacato, desorden y desobediencia pública, motivos que el régimen de Fidel vio más que suficientes para imponerle una condena de 25 años y seis meses de cárcel. Su nombre era Orlando Zapata Tamayo. El mismo Orlando que hace una semana moría en La Habana después de una huelga de hambre que duró 86 días, y con la que pretendía que se respetara su condición de preso de conciencia.





