De errores va la cosa
Héctor Juanatey | 20 Marzo 2010Los acontecimientos de los últimos días deberían dar que pensar a los responsables de la mayor parte de los medios de comunicación. La información es libre, todo el mundo tiene derecho a estar informado constantemente de lo que ocurre. Y eso es responsabilidad, casi en su totalidad, del periodismo y las personas que lo ejercen. Su finalidad no es otra que informar, antes incluso que el afán por desvelar verdades, tarea en este caso exclusiva de un determinado tipo de periodismo -el de investigación- y, sobre todo, si hablamos de crímenes, de unos determinados cuerpos oficiales -aunque estos estén casi siempre supeditados a unos intereses-.
Ahora bien, durante el proceso de una investigación, siempre tiene que haber algún secreto, al igual que en determinados juicios o procesos legales. Secretos que podrán ser desvelados al público una vez haya terminado el proceso. Hace poco vivimos casos como el del secuestro del atunero Alakrana, en el que las diferentes versiones vertidas por medios de comunicación muy dispares entre sí, podían llegar a jugar un papel en la liberación o no de la embarcación. La búsqueda constante del scoop o primicia informativa hace que el periodismo se olvide muchas veces de su responsabilidad y de las consecuencias que sus actos pueden llegar a tener.
Esta semana, ETA volvía a matar después del intento de robo de varios vehículos en un concesionario en Francia. Hoy, tres días después se han cometido dos errores informativos realmente lamentables. Primero, un día después del asesinato, la agencia de noticias EFE enviaba un comunicado en el que se hablaba de Joseba Fernández Aspur, el supuesto etarra detenido por la gendarmería francesa. Acompañaban la nota de prensa con una fotografía del detenido. O eso es lo que pensaron, porque la realidad demostró que la foto era de un joven vasco que nada tenía que ver con el grupo terrorista. La cara de este joven recorrió el mundo, apareciendo en un sinfín de medios en los que se le tachaba de “terrorista” o “etarra”. ¿Cómo es posible que se haya publicado esa información sin saber al cien por cien si era cierta o no? El error es terrible.
Pero esto no es todo. Ayer, Francia distribuía un vídeo en el que se veía a cuatro hombres comprando en un supermercado. El vídeo no tardó en aparecer en las televisiones y en ser comentado en las radios. Se llegó a tal punto de convencimiento que incluso se dijo que uno de los hombres se parecía al que supuestamente es el actual número uno de ETA. Pues no eran etarras, sino cuatro bomberos catalanes que habían ido a Francia a pasar unos días en la nieve y que por culpa de un error pasaron a convertirse en los terroristas más buscados por un día. Ahora, fuentes cercanas a la investigación aseguran que no es exactamente un error, sino que demuestra que el aviso a la población esta funcionando y que gracias a vídeos como estos se pueden ir excluyendo pistas. El ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba reconoció que sí, las cosas se podrían haber hecho mejor. Además, aclaro que era “una hipótesis de trabajo”, que se tendría que haber aclarado.
Son dos errores garrafales en menos de una semana. Dos errores en los que el periodismo jugó un papel muy importante. El debate está claro: ¿debe publicar un medio cualquier cosa que un organismo oficial entregue sobre una investigación sin confirmar su veracidad? Yo creo que no.









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