De inmigración y xenofobia va la cosa
Héctor Juanatey | 2 marzo, 2010La crisis económica, además de provocar lo evidente, trae consigo el aumento de la repulsa hacia los inmigrantes. Así lo deja ver el informe Evolución del racismo y la xenofobia en España (2009), elaborado por el Observatorio del Racismo del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Si las cosas nos van mal, la culpa es de los que vienen de fuera, pensará el 37% de los españoles que dice rechazar la entrada de inmigrantes en el país. Supongo que movidos por la típica afirmación de “estos solo vienen a robarnos el trabajo” no se han parado a echarle un vistazo a las estadísticas del paro. Seguramente este 37% de la población no sabrá que el colectivo inmigrante es de los más afectados por la falta de empleo. Es más que probable que este 37% de pensamiento xenófobo no quiere comparar nóminas y observar que, cuando hay trabajo, su sueldo es -y apuesto lo que sea- muy, pero muy superior al de aquellos a los que achacan la culpa de que haya tanto desempleo.
Lo que hay que hacer es endurecer -más aún, si cabe- las políticas de expulsión de inmigrantes ilegales, apunta, ya no el 37%, sino el 42% de los encuestados, que opinan que estas son “demasiado tolerantes”. Porque echarlos con la mayor brevedad posible es de tolerantes. De verdadera tolerancia es poder llevarlos a la comisaría más cercana cuando no puedan identificarse. Por no hablar de que una vez que se les expulse, tienen la entrada prohibida durante por lo menos cinco años.
Y los porcentajes de xenofobia siguen en aumento. Ahora el 68% de las personas encuestadas creen aceptable que se expulse a los inmigrantes legalmente establecidos, siempre y cuando hayan cometido algún delito. ¿Y si son ilegales? Entonces se les puede meter, por ejemplo, ocho años en prisión por haber vendido discos o películas en el top manta. Porque la culpa es de ellos, que intentan sobrevivir, y no de los que compran. La culpa no es de los racistas, de los que explotan. La culpa no es de los empresarios que se aprovechan de la situación de desamparo de personas que solo buscan una oportunidad. La culpa es de ellos, por cometer el error de pensar que aquí los recibiremos como debería ser.
Porque este tampoco es el país -entendiéndolo como el conjunto de la sociedad española- de las grandes oportunidades. Desgraciadamente, no es un lugar en el que se les vaya a respetar. Seguirá siendo un país de imposición de la cultura -a veces muy sesgada-, un país de aumento del racismo y xenofobia. Un país que -y clamo porque no lleguemos a ese punto- no ve tan lejos los modelos de control de inmigración franceses o italianos. Un país que ayer, 1 de marzo, no recogió en los medios las protestas en ciudades españolas de un colectivo invisible.
Y es que, por ahora, no todos sumamos.










