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¿Qué hacer?

Héctor Juanatey | 15 enero, 2012

Yo, de siempre, tiendo a desconfiar de la gente que dice tenerlo todo claro; que asegura saber siempre lo que hay que hacer. Probablemente sea porque soy de ese grupo de personas que comienza a sudar y acalorarse ante la incertidumbre, que prefiere el agobio temporal a la certeza o a la tranquilidad espasmódica. Por lo menos de primeras, en caliente. De ahí que este Gobierno, literalmente, me acongoje. En su día, recuerdo que corrí a esconderme entre las sábanas cuando el president de Balears, José Ramón Bauzá, insistió en que el PP sabía muy bien lo que había que hacer. Y no lo dijo una vez, sino varias: “Sabemos que es lo que hay que hacer y lo vamos a hacer. Y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer. Y por eso seguiremos haciendo aquello que nos toca hacer a pesar de que alguno no se crea que vamos a hacer lo que hemos dicho que íbamos a hacer”. Podía ser el subidón de precampaña, el ansia de promesas, y eso me tranquilizó. Hasta ayer, cuando Rajoy se plantó delante de las cámaras y, sin inmutarse, soltó: “Quiero deciros una cosa, que creo que es lo más importante que tengo que deciros hoy: el Gobierno que yo presido sabe perfectamente lo que tiene que hacer para mejorar perfectamente la reputación de España y para crecer y crear empleo. Y lo va a hacer. Lo sabemos y lo vamos a hacer”. Y a mí que lo sepan me da igual. Ahora, por hacer, que no lo hagan.

 

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Alegría

Héctor Juanatey | 30 diciembre, 2011

Estaba escribiendo esto: En ‘Defensa de la alegría’, Benedetti instaba a defender este sentimiento como trinchera, como principio, bandera y destino. Defenderla como certeza y como derecho. El propio Benedetti traduciría un poema de De Mello, ‘Los estatutos del ser humano’, que en la misma línea clamaba: “Por decreto irrevocable, queda establecido el reinado permanente de la justicia y la claridad. Y la alegría será una bandera generosa para siempre enarbolada por el pueblo”. Cuando pasó esto: «Tijeretazo histórico del Gobierno de Rajoy: ‘Es el inicio del inicio’». Dejé de escribir y entonces recordé esto otro que un día escribió Cortázar: “Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría”.

Y no mucho después llegué a estas palabras del siempre recurrido Galeano: “Hablar de alegría en medio de toda esta malaria, con tanta gente en la llaga o en la rada , ¿no suena a traición o estupidez? Y, sin embargo, precisamente por eso, hoy más que nunca la alegría es un artículo de primera necesidad, tan urgente como el agua o el aire. Nadie nos va a regalar este derecho de todos. Es preciso pelearlo: contra el propio miedo, el miedo a romper la costumbre de la pena, y contra los administradores de la tristeza nacional, que le sacan el jugo y venden las lágrimas. Pelarlo, digo, y no por la gente, sino con ella y desde ella”.

Peleemos, pues.

 

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Iluso

Héctor Juanatey | 4 noviembre, 2011

Cortázar se preguntó hace un tiempo “hasta cuándo vamos a seguir creyendo que lo maravilloso no es más que uno de los juegos de la ilusión”. Lo hizo al mismo tiempo que se cuestionaba ciertas cosas sobre la tos de una señora alemana que escuchó en un concierto de Beethoven dirigido por Wilhelm Furtwngler. “La tos de una señora alemana”, se llama el texto. Esto lo traigo con la única excusa de hablar de la ilusión, sin tampoco tener muy claro el por qué de haber pensado en la tos de esta señora alemana en la que reparó Cortázar.

Ilusión, para mí, es querer algo y que ese algo no quiera. Ilusión, de la buena, de la constructiva, es esa de la que hace unas semanas escribió Ramón Lobo, que tanto me gusta citar: “Quiero bajarme de los políticos que tiraron la toalla de la ilusión”, leí en un artículo en el que se preparaba para exigir su derecho a ser feliz. Yo aquí exijo también mi derecho a la ilusión, quizás mi derecho al delirio, que dice Galeano.

Ilusión, a día de hoy, es pensar que una noche, o mil y una, escucharemos debatir a los candidatos y candidatas a la presidencia del Gobierno. Ilusión es querer ver más rostros en el cara a cara. Ilusión es proyectar la cara de la ciudadanía en los debates. Ilusión, la del periodismo, es pedir que no se eche por tierra una de las principales reivindicaciones: quién escoge los temas que se tratarán en una entrevista, en un debate. Ilusión es hablar, oír y saber callar a tiempo, comunicar.

Ilusión es confiar en que tenemos algo que decir. Una de tantas grandes personas que conocí en las noches de Sol, Jonás Candalija, me dijo el otro día que “cualquier persona con sentido común hoy en día parece ser idiota o ilusa”. Por quitar, nos han recortado hasta el derecho a la ilusión. Por ello, iluso, me ilusiono con que mis ilusiones dejarán de serlo. Eso es también, al fin y al cabo, la ilusión. Esperar que no lo sea.

 

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Mariano Rajoy y la felicidad

Héctor Juanatey | 31 octubre, 2011

El hotel Monumento San Francisco es, como así se anuncia, un sitio con mucho “encanto” y más nivel en Santiago de Compostela. Yo allí fui por primera vez hace unos años persiguiendo a Lou Reed para que me respondiera a alguna pregunta para el periódico y lo único que conseguí fue que el chófer de su furgoneta nos dijese a mí y a la fotógrafa dónde iba a cenar. Corrimos hacia el restaurante y de Reed tan solo logré un gruñido y un no quiero hablar con nadie.

Hoy volví al hotel para cubrir —para aprender a cubrir— el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular, después del cual estaba previsto que se presentase su programa electoral. Lo que me encontré fue algo no muy distinto a lo que pasó con Reed, con la diferencia de que Mariano Rajoy por lo menos sí habló. Leyó, más bien. De rueda de prensa, nada. La gran novedad fue que el líder del PP repasó literalmente el resumen de las propuestas presentadas ayer. Antes, eso sí, dijo que su programa no era un “puñado de promesas” sino una “lista de tareas”. Porque prometer ya prometió y de qué forma: nos garantizó la felicidad, que es una cosa muy abstracta. En abril ya hizo algo parecido al anunciar que España volvería a ser un país “donde se viva bien” y todos seamos “felices”.

La felicidad es muy relativa. Yo, por ejemplo, hoy hubiera estado más contento si el que probablemente sea elegido presidente del Gobierno hubiera respondido a alguna de las tantas preguntas que los periodistas tenían preparadas.

 

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Héctor Juanatey Ferreiro // Periodista
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