El periodismo
Héctor Juanatey | 4 octubre, 2011En uno de esos viajes que hago en tren para cubrir la distancia que hay entre Madrid y Compostela, uno de los camareros de la cafetería me comentó que tenía un amigo por algún lugar entre Barcelona y la capital que se había quedado sin trabajo. Su amigo, me dijo, trabajaba en un pequeño taller de vagones, o algo así, en una de esas pequeñas estaciones de ferrocarril abandonadas. “Cuando cambiaron los trenes, ya lo vio difícil pero con el AVE, adiós”. “¿Y ahora qué?”, inquirí. “Pues nada, aprenderá a arreglar los trenes nuevos, qué remedio”. Yo, que suelo dramatizarlo todo para ver las cosas con una perspectiva de película, ya me imaginaba a su amigo sentado en un banco oxidado de una estación perdida esperando la llegada de esas antiguas locomotoras que ahora solo sirven como figuras de museo. En este tipo conversaciones soy más de escuchar que de opinar, aunque en aquel momento creí oportuno comentarle al camarero un dicho muy habitual en Galicia: “Nunca choveu que non escampara, dicen en mi tierra”. El hombre, mayor ya y con pocas ganas de escuchar las tonterías de un chaval de veintipocos años, no entendió ni un ápice de mis palabras, justo al contrario que yo, que comprendí a la perfección su “son siete euros con cuarenta y apura que estamos cerrando”.
En realidad mi “nunca choveu que non escampara” no era más que otra forma de explicar su “aprenderá a arreglar los trenes nuevos, qué remedio”. Los cambios son lo que tienen. Te pueden gustar o no y lo más probable es que todos nos ahoguemos, o desahoguemos, en un mar de quejas, pero hay que adaptarse a ellos. Con el periodismo pasa lo mismo. De un tiempo a esta parte no dejo de leer y escuchar discursos casi apocalípticos que anuncian en plan maya el fin del oficio de contar las cosas. Y no, no me voy a plantar aquí a negar la existencia de la crisis económica, de publicidad o del papel como soporte. Crisis, como las meigas, haberlas haylas. En Galicia están cerrando tantos medios —A Nosa Terra y Xornal los últimos— y se extiende tanto el pesimismo que a veces pienso que voy a llegar a la facultad donde estudié y va a estar convertida en una casa-museo del periodismo. No nos engañemos. El periodismo no está muerto ni se va a morir por muchos obituarios propios que publiquemos en las páginas interiores del diario.
Yo aquí tampoco me voy a poner hablar del futuro del periodismo porque, sinceramente, se me escapa. Pero sí sé que tanto en el pasado como en el presente y, si no nos ponemos muy innovadores, en el futuro, el periodismo consistirá, como siempre, en contar alguna historia. ¿Que cambia el soporte? Bueno, tendremos que aprender a arreglar los nuevos trenes, qué remedio.






