Casos prácticos para un joven creador
Héctor Juanatey | 26 diciembre, 2010Imaginad que esta entrada tiene forma circular y quiero vivir de ella. Imaginad que es un CD y contiene música o material audiovisual. Imaginad que soy un joven creador que busca vivir de sus creaciones. Acabo de grabar una maqueta y me gustaría darme a conocer. Surgen mis primeras dudas. ¿Qué hago?
Caso práctico número 1: Envío mi maqueta a varias discográficas con el deseo de que a alguien le guste y me ofrezca un contrato. Tengo suerte, una de ellas cree que tengo talento y piensa que los dos podemos salir beneficiados. Me ofrecen un contrato por el cual tengo que grabar con ellos, por lo menos, dos discos. Me hace ilusión. Por fin podré vivir de mi música, pienso. ¿O no? La discográfica financia todo el proceso de producción y distribución de mi primer CD. Al cabo de un tiempo, mi ópera prima está finalmente a la venta en tiendas. Salen 1.000 ejemplares con un coste de 18 euros cada uno, IVA incluido. En poco más de un mes, he conseguido venderlos todos. En total, los beneficios de las ventas ascienden a 18.000 euros. Hago cuentas para ver cuánto me tocará a mí. El IVA es un 18%, por lo que si lo resto, el beneficio quedaría en 14.760 euros. Continúo con las cuentas. Las tiendas se sacan alrededor de un 40% de las ventas, por lo que mi potencial beneficio continúa su descenso. Sin ese 40%, se quedaría en 7.200 euros. Pero todavía me queda calcular lo que saca mi discográfica, que será sobre un 24% del total, es decir, 4.320 euros. Ya sólo puedo aspirar a 2.880 euros. ¡Quieto! Que todavía me faltan cuentas. La empresa encargada de la distribución del CD obtiene como un 4%, lo mismo que la empresa que llevó a cabo la fabricación de las 1.000 copias. Ese 8% se traduce en 1.440 euros. Tan sólo me quedan 1.440 euros. Por suerte, soy autor e intérprete de mi música, así que entiendo que esos euros restantes se ingresarán directamente en mi cuenta. Pero me olvido de la SGAE. Siempre me olvido de la SGAE. Si del total de las ganancias, el 4% está destinado a los derechos de autor, el 15% por ciento del mismo va para la Sociedad General de Autores y Editores. Además, ojeando mi contrato con la discográfica, observo que también tuve que firmar con su empresa editora, que se queda con más de la mitad de la gestión de los derechos. Es decir, haciendo cuentas, me quedaría con alrededor del 30% del dinero destinado a los derechos de autor, unos 216 euros. Esto, sumado al 6% del royalty, hacen un total de 1.296 euros. Y esa es la cantidad que gano por la venta de mis 1.000 discos. Qué raro. No puedo evitar tener una extraña sensación. Parece que son otros los que viven de mi música.
Caso práctico número 2: Hace tiempo que sabemos que Internet es el presente y el futuro. Supone una gran revolución y una gran ayuda para los músicos nuevos como yo. No quiero ni necesito discográficas. Cuelgo mi maqueta directamente en la red. Contiene 6 canciones. Las subo bajo una licencia Creative Commons o copyleft por la cual quien quiera puede copiar, distribuir y comunicar mi música siempre y cuando reconozca mi autoría, no la use para fines comerciales ni altere, transforme o genere obras derivadas. Gracias a esto, me salto el pago a una empresa distribuidora. En Internet, la distribución de mi música es potencialmente ilimitada, tanto numérica como geográficamente. Aunque cualquiera puede descargarse mis canciones libremente, también pueden comprarlas a un precio de 0,99 euros la canción o, si lo prefiere, a 5 euros la maqueta. Eso me ayudaría, por ejemplo, a poder organizar mis primeros conciertos. Poco a poco, voy haciéndome conocido y empiezan a llamarme para hacer algunos bolos. En ellos, cobro a 10 euros la entrada e intento que incluya un CD gratis con mis primeras canciones. Más adelante, añado una sección en mi web de merchandising con camisetas y pins. Gracias a las licencias libres y a redes sociales como Facebook, Twitter o MySpace, tengo cada vez más seguidores, doy más conciertos y puedo comenzar la preparación de mi primer CD. De esa forma, evito a empresas nacionales, multinacionales y a sociedades de gestión, que sí viven con la explotación de obras ajenas. Pienso, por ejemplo, en los Stormy Mondays. Llevan haciéndolo desde hace más de diez años y no les va tan mal. Y en el caso de los cineastas, los creadores de El Cosmonauta tampoco se quejan tanto.
La solución a los problemas que está viviendo el cine o la música no es una ley que permita cerrar webs saltándose el juzgado. Eso sólo provocaría el nacimiento de nuevas formas de piratería digital mucho más fuertes que sus predecesoras. Lo hemos visto a lo largo de los años, no es ninguna noticia. Hay que acabar de una vez por todas con el dramatismo y la demagogia. El mundo de la cultura tan sólo tiene que reflexionar y buscar nuevas formas de venderse que sean asequibles y accesibles a todo el mundo. De lo contrario, jamás nos pondremos de acuerdo.
*Los datos del reparto del cd están basados en este informe. También podéis echar un vistazo a este gráfico.






