De tangos

by Héctor Juanatey

Esta noche leí sobre tangos porque me imaginé contigo en Buenos Aires. Y pensé que para imaginarnos bien en Argentina debía saber algo de tangos. Quien escribe sobre tangos, sobre poética tanguera, es un bailarín, Ramiro Gigliotti. «Enamorados en tiempo de tango», se titula el texto. Empieza: «Las letras de los tangos hablan de la soledad, del lugar de pertenencia, de la identidad, de la muerte y —por supuesto— del amor. No son pocos quienes se apresuran a creer que los tangos solo están poblados por muchachos abandonados que llorisquean por la dama que los dejó; sin embargo, un análisis apenas ligero revela que en el tango se expresan situaciones que hablan del amor con una complejidad que trasciende el lamento córneo y sus pudorosas consecuencias». Gigliotti repasa así las obras de Manuel Romero, José María Contursi, José Canet, Luis César Amadori, Enrique Santos Discépolo, Celedonio Flores, Homero Manzi, Homero Expósito y Alfredo Le Pera. Pero yo al único que conocía un poco era a Carlos Gardel. Y después de todo no sé si me gusta el tango. A quien sí le gustaba el tango era a Ray Bradbury. Llegó a decir de Gardel que «fueiserá» el mejor cantor de tango de la historia. Bradbury aparece incluso en la letra de una canción de tango, que escribió en su día Horacio Ferrer. Dice: «Se rechifló el colectivo que tomé para tu casa / yo vi que el colectivero, por Sandiablo, bocinaba / raros tangos que Alfonsina con Ray Bradbury bailaba / sobre el capó en un tumulto de camelias y galaxias…». Ray Bradbury murió hace pocos días y la revista QUO publicó entonces una de las últimas entrevistas que había concedido. Hablaba sobre el futuro y le preguntaron cómo sería dentro de unos años el amor y la amistad. «No cambiará. Seguiremos siendo los mismos estúpidos románticos», respondió. Y sobre todo lo primero Ray, lo primero acompañando a lo segundo.