Mariano Rajoy y la felicidad
Héctor Juanatey | 31 octubre, 2011El hotel Monumento San Francisco es, como así se anuncia, un sitio con mucho “encanto” y más nivel en Santiago de Compostela. Yo allí fui por primera vez hace unos años persiguiendo a Lou Reed para que me respondiera a alguna pregunta para el periódico y lo único que conseguí fue que el chófer de su furgoneta nos dijese a mí y a la fotógrafa dónde iba a cenar. Corrimos hacia el restaurante y de Reed tan solo logré un gruñido y un no quiero hablar con nadie.
Hoy volví al hotel para cubrir —para aprender a cubrir— el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular, después del cual estaba previsto que se presentase su programa electoral. Lo que me encontré fue algo no muy distinto a lo que pasó con Reed, con la diferencia de que Mariano Rajoy por lo menos sí habló. Leyó, más bien. De rueda de prensa, nada. La gran novedad fue que el líder del PP repasó literalmente el resumen de las propuestas presentadas ayer. Antes, eso sí, dijo que su programa no era un “puñado de promesas” sino una “lista de tareas”. Porque prometer ya prometió y de qué forma: nos garantizó la felicidad, que es una cosa muy abstracta. En abril ya hizo algo parecido al anunciar que España volvería a ser un país “donde se viva bien” y todos seamos “felices”.
La felicidad es muy relativa. Yo, por ejemplo, hoy hubiera estado más contento si el que probablemente sea elegido presidente del Gobierno hubiera respondido a alguna de las tantas preguntas que los periodistas tenían preparadas.





