Madrid nos mata

El dióxido de nitrógeno (NO2) es uno de los principales contaminantes gaseosos del aire, formado como consecuencia del tráfico rodado y la producción de energía. Una exposición continua a él puede causar una disminución de la función pulmonar y aumentar el riesgo de aparición de problemas respiratorios como bronquitis aguda, tos y flemas. Además, la existencia en el aire del NO2 favorece la formación de otros contaminantes como el ozono y las partículas de suspensión (puede incluso contribuir en la aparición de lluvia ácida), por lo que los efectos adversos son todavía mayores.

En 2010, la Unión Europea estableció un valor límite objetivo para la media anual de dióxido de nitrógeno: las ciudades no pueden superar los 40 microgramos de NO2 por metro cúbico. Según los últimos datos, Madrid registró una media de 44 µg/m3. Aunque la ciudad lleva incumpliendo los límites recomendados de contaminación desde hace bastantes años, 2010 era el primero en el que se establecía la obligatoriedad del cumplimiento de los límites. Y las cosas no acaban ahí. Lo peor son los intentos de la alcaldía y la comunidad de Madrid por desviar la atención y engañar a la gente. En 2009, el dióxido de nitrógeno alcanzó una cota de 53 µg/m3. Aunque pueda parecer que se ha trabajado para reducir la contaminación de un año a otro, en realidad lo único que ha cambiado es la ubicación de las estaciones de control de calidad del aire. Tal y como se observa en el gráfico, las estaciones han pasado de concentrarse en el centro de la ciudad a situarse en zonas suburbanas alejadas del tráfico. De ahí el descenso.

El problema de los límites es de talla. Ni siquiera el cumplimiento de las tasas obligatorias supone un alivio. El dióxido de nitrógeno es todavía más nocivo para personas con asma y niños o niñas, por lo que los 40 µg/m3 seguirían siendo muy elevados para su caso. El ejemplo más claro, si cabe, es el de las partículas de suspensión. En el caso de las PM10, la legislación europea permite hasta 40 µg/m3 y en Madrid se registraron 22 µg/m3; del mismo modo, para las PM2,5 se consiente una media anual de 25 microgramos por metro cúbico, cuando en Madrid se registró una media de 12. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud recomienda que el límite de las PM10 debería ser de 20 µg/m3 y el de las PM2,5, de 10 µg/m3, ya que una mayor concentración de partículas sería perjudicial para las personas.

Mientras la mentalidad no cambie, Madrid seguirá amaneciendo de este modo (la foto es de un lector de 20 Minutos):

Contaminación en Madrid

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