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¿Qué “está pasando”?

Héctor Juanatey | 29 diciembre, 2010

Escribir sobre el cierre de un medio de comunicación siempre es complicado, más aún si eres periodista -y recién llegado-. La dificultad para encontrar las palabras se amplifica todavía más si de lo que vamos a hablar es del fin de una cadena de televisión con trabajo las 24 horas del día. Pero es incluso más complicado abordar el tema si tenemos que explicar la muerte de la información.

CNN+ ha echado ayer el cierre a once años de profesionalismo. Más bien, les han puesto el candado. Una vez más, la lucha por las audiencias y la búsqueda del monopolio televisivo han colocado esa venda en la boca a quienes buscan mantener informada a la ciudadanía. Y lo han hecho sin la decencia del que entiende la importancia de que las personas sepan lo que está pasando. Han obrado con la intención de que es mejor que no lo veas, que no entiendas, que no sepas lo que ocurre ahí fuera. El mensaje fue claro. A las 0.00 horas de la noche, el logo CNN+ era sustituido por un ojo que rezaba GH24. Lo que pasó ayer fue un ataque. Una lanza directa al cerebro, al compromiso y al pensamiento crítico.

Bertolt Brecht ya nos lo advirtió hace un tiempo: “El mayor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa en los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de las decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.


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cierre, CNN+, medios de comunicación, Periodismo
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El mayor error de Reig Pla

Héctor Juanatey | 28 diciembre, 2010

Dice Juan Antonio Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares, que “los matrimonios canónicamente constituidos son menos dados a la violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho, las parejas de personas que viven inestablemente y que es donde más se está generando la violencia contra la mujer”. Supongo que no hay ninguna duda respecto a lo fuera de lugar de las declaraciones. De todos modos, nunca viene mal señalar en qué se equivoca Reig Plá. La violencia de género es un asunto demasiado importante como para que se pasen por alto argumentos de este calibre. En primer lugar, estamos hablando de violencia de género. De género. Es conveniente repetirlo una y otra vez porque da la sensación de que aún no ha quedado claro. Definir la violencia contra las mujeres como doméstica no es correcto ya que se produce por el simple hecho de que sean mujeres. Así lo define la Ley Integral contra la Violencia de Género y así lo recoge, por ejemplo, el buen decálogo de Público sobre cómo tratar estos temas.

El gran error de Reig Plá, sin embargo, no es haber utilizado los términos erróneos, sino el haber usado un tema tan serio para publicitar su negocio. En lo que va de año, han sido asesinadas 71 mujeres. Esto es lo único que importa. El hecho de que pertenecieran o no a familias canónicamente constituidas es irrelevante. Responde sólo a un nuevo intento del patriarcado por ocultar la verdadera causa de los asesinatos: el machismo. Una lacra todavía lejos de ser erradicada.

Actualización 20.21 horas: Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, también se sube al carro de los errores.

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Juan Antonio Reig Pla, machismo, violencia de género
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Casos prácticos para un joven creador

Héctor Juanatey | 26 diciembre, 2010

Imaginad que esta entrada tiene forma circular y quiero vivir de ella. Imaginad que es un CD y contiene música o material audiovisual. Imaginad que soy un joven creador que busca vivir de sus creaciones. Acabo de grabar una maqueta y me gustaría darme a conocer. Surgen mis primeras dudas. ¿Qué hago?

Caso práctico número 1: Envío mi maqueta a varias discográficas con el deseo de que a alguien le guste y me ofrezca un contrato. Tengo suerte, una de ellas cree que tengo talento y piensa que los dos podemos salir beneficiados. Me ofrecen un contrato por el cual tengo que grabar con ellos, por lo menos, dos discos. Me hace ilusión. Por fin podré vivir de mi música, pienso. ¿O no? La discográfica financia todo el proceso de producción y distribución de mi primer CD. Al cabo de un tiempo, mi ópera prima está finalmente a la venta en tiendas. Salen 1.000 ejemplares con un coste de 18 euros cada uno, IVA incluido. En poco más de un mes, he conseguido venderlos todos. En total, los beneficios de las ventas ascienden a 18.000 euros. Hago cuentas para ver cuánto me tocará a mí. El IVA es un 18%, por lo que si lo resto, el beneficio quedaría en 14.760 euros. Continúo con las cuentas. Las tiendas se sacan alrededor de un 40% de las ventas, por lo que mi potencial beneficio continúa su descenso. Sin ese 40%, se quedaría en 7.200 euros. Pero todavía me queda calcular lo que saca mi discográfica, que será sobre un 24% del total, es decir, 4.320 euros. Ya sólo puedo aspirar a 2.880 euros. ¡Quieto! Que todavía me faltan cuentas. La empresa encargada de la distribución del CD obtiene como un 4%, lo mismo que la empresa que llevó a cabo la fabricación de las 1.000 copias. Ese 8% se traduce en 1.440 euros. Tan sólo me quedan 1.440 euros. Por suerte, soy autor e intérprete de mi música, así que entiendo que esos euros restantes se ingresarán directamente en mi cuenta. Pero me olvido de la SGAE. Siempre me olvido de la SGAE. Si del total de las ganancias, el 4% está destinado a los derechos de autor, el 15% por ciento del mismo va para la Sociedad General de Autores y Editores. Además, ojeando mi contrato con la discográfica, observo que también tuve que firmar con su empresa editora, que se queda con más de la mitad de la gestión de los derechos. Es decir, haciendo cuentas, me quedaría con alrededor del 30% del dinero destinado a los derechos de autor, unos 216 euros. Esto, sumado al 6% del royalty, hacen un total de 1.296 euros. Y esa es la cantidad que gano por la venta de mis 1.000 discos. Qué raro. No puedo evitar tener una extraña sensación. Parece que son otros los que viven de mi música.

Caso práctico número 2: Hace tiempo que sabemos que Internet es el presente y el futuro. Supone una gran revolución y una gran ayuda para los músicos nuevos como yo. No quiero ni necesito discográficas. Cuelgo mi maqueta directamente en la red. Contiene 6 canciones. Las subo bajo una licencia Creative Commons o copyleft por la cual quien quiera puede copiar, distribuir y comunicar mi música siempre y cuando reconozca mi autoría, no la use para fines comerciales ni altere, transforme o genere obras derivadas. Gracias a esto, me salto el pago a una empresa distribuidora. En Internet, la distribución de mi música es potencialmente ilimitada, tanto numérica como geográficamente. Aunque cualquiera puede descargarse mis canciones libremente, también pueden comprarlas a un precio de 0,99 euros la canción o, si lo prefiere, a 5 euros la maqueta. Eso me ayudaría, por ejemplo, a poder organizar mis primeros conciertos. Poco a poco, voy haciéndome conocido y empiezan a llamarme para hacer algunos bolos. En ellos, cobro a 10 euros la entrada e intento que incluya un CD gratis con mis primeras canciones. Más adelante, añado una sección en mi web de merchandising con camisetas y pins. Gracias a las licencias libres y a redes sociales como Facebook, Twitter o MySpace, tengo cada vez más seguidores, doy más conciertos y puedo comenzar la preparación de mi primer CD. De esa forma, evito a empresas nacionales, multinacionales y a sociedades de gestión, que sí viven con la explotación de obras ajenas. Pienso, por ejemplo, en los Stormy Mondays. Llevan haciéndolo desde hace más de diez años y no les va tan mal. Y en el caso de los cineastas, los creadores de El Cosmonauta tampoco se quejan tanto.

La solución a los problemas que está viviendo el cine o la música no es una ley que permita cerrar webs saltándose el juzgado. Eso sólo provocaría el nacimiento de nuevas formas de piratería digital mucho más fuertes que sus predecesoras. Lo hemos visto a lo largo de los años, no es ninguna noticia. Hay que acabar de una vez por todas con el dramatismo y la demagogia. El mundo de la cultura tan sólo tiene que reflexionar y buscar nuevas formas de venderse que sean asequibles y accesibles a todo el mundo. De lo contrario, jamás nos pondremos de acuerdo.

*Los datos del reparto del cd están basados en este informe. También podéis echar un vistazo a este gráfico.

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Copyleft, Creative Commons, El Cosmonauta, Ley Sinde, Stormy Mondays
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Iñaki Gabilondo: “No nos vamos a rendir”

Héctor Juanatey | 23 diciembre, 2010

A continuación, sus palabras transcritas. Lea el resto »

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CNN+, despidos, Iñaki Gabilondo, Periodismo
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Cuestión de cálculos

Héctor Juanatey | 21 diciembre, 2010

Tengo 23 años. En total, he trabajado un año. Tres meses como redactor en prácticas en un diario de relevancia nacional; seis en una agencia de comunicación, también como becario; y otros tres en un semanal gratuito. En mis dos primeros trabajos cobré una cantidad por debajo del sueldo mínimo, con la excusa de que en mi contrato figuraban las palabras “prácticas” o “becario”. Ello a pesar de haber realizado un trabajo igual o superior (no hablo de calidad, sino de tiempo y cantidad) al de un contratado en esas empresas. En esos nueve meses de trabajo, Hacienda me sacaba la parte correspondiente de mi sueldo. De mi último trabajo no hablo, puesto que fue una colaboración gratuita.

No tengo vida laboral. Supuestamente, nunca he cotizado. Ahora, la edad de jubilación pasará de 65 a 67 años. Pierre Beynet, economista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), afirma que “incluso hay que ir más alla de los 67 si es necesario”. Esto quiere decir que a partir de ahora, para percibir la pensión completa, uno tendrá que jubilarse a los 67 años. Eso sí, es voluntario. Aquel que tenga una carrera laboral de entre 36 y 40 años, puede hacerlo a los 65 si acepta recibir una prestación menor. Según la OCDE, la edad de jubilación debe ir vinculada a la evolución de la esperanza de vida. No nos extrañe, como bien ilustró El Roto, que “para garantizar el futuro de las pensiones, hay que hacerlas coincidir con la fecha de fallecimiento”. El número de años para realizar el cómputo de las pensiones aumentará de forma gradual. Primero, pasará de los 15 años actuales a 20; luego a 25; y, finalmente, alcanzará toda la vida laboral.

Tengo 23 años. Estoy estudiando un máster y, si nos ponemos realistas, no creo que consiga un trabajo fijo, por lo menos, hasta junio de 2011. Muy bien se tendrían que dar las cosas para que después de esa fecha tuviera encima de la mesa un contrato indefinido. Como yo, hay miles de jóvenes sin trabajo, muchos ya cerca de los 30 años. O nos damos prisa o, a este paso, mi generación tendrá que trabajar hasta que muera, sin derecho a pensión y con unas condiciones laborales nulas. Porque se me olvidó pero, entre otras cosas, la OCDE también propuso reducir todavía más los costes de despido en los contratos de mayor duración. Eso, y la abolición de la obligatoriedad de los convenios colectivos. Echémonos a temblar.

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Bradley Manning y los problemas de revelar la verdad

Héctor Juanatey | 19 diciembre, 2010

Las filtraciones de Wikileaks nos han enseñado muchas cosas. Una de ellas, y probablemente la más sorprendente, es que las torturas y asesinatos de civiles no deben salir nunca a la luz. Veamos, por ejemplo, los intentos -¿conjuntos?- de la embajada estadounidense en España para frenar el caso Couso. El vídeo que muestra el asesinato de varios civiles iraquís (entre ellos, un fotógrafo de Reuters), fue otra de las principales filtraciones a Wikileaks y, quizás, la que sitúo el nombre de Assange y su organización en las portadas de los principales medios.

Bradley Manning es un soldado estadounidense de 23 años al que Estados Unidos acusa de haber filtrado a Wikileaks el vídeo “Collateral Murder” mientras actuaba como analista de inteligencia en Irak. Y no sólo eso. A Manning también se le considera el principal sospechoso de haber filtrado los cables diplomáticos clasificados del conocido Cablegate y 92.000 documentos sobre la guerra de Afghanistán. El pasado martes, Manning cumplió 200 días de una detención que empezo en Kuwait y, desde agosto, continúa en una celda de aislamiento en la cárcel militar de Quantico, Virginia. Su calvario comenzó en el momento en que decidió contactar con Adrián Lamo, un famoso hacker estadounidense, que acabó delatando a Manning. Casualmente, ahora Lamo trabaja para el ejército estadounidense y es más que probable que se convierta en uno de los principales testigos contra el soldado.

Un día después de salir en libertad bajo fianza, Assange mostró su preocupación por el estado de Manning, quien, según informó un amigo que le visita dos veces al mes, empieza a sufrir problemas psicológicos por las condiciones en las que se encuentra. Pasa sólo 23 horas al día, no puede hacer ningún tipo de ejercicio y no dispone de sábanas ni almohada (Estados Unidos se escuda en que es para evitar un posible suicidio). Las organizaciones pro derechos humanos consideran que estas situaciones de aislamiento tienen que ser consideradas como una de las mayores formas de tortura.

En la guerra de Afghanistán e Irak también participó España. ¿Dónde quedó la defensa de los que hacen públicos los atentados contra los derechos humanos? ¿Para qué hay unos Convenios de Ginebra? Según las transcripciones que posee Lamo de las conversaciones que mantuvo con Manning, este último le dijo en una ocasión: “Quiero que la gente vea la verdad. Ya no creo que haya gente buena o mala. Hay países que actúan siempre a favor de su propio interés. [...] Era información muy vulnerable. Y, bueno, se la mandé a Wikileaks. Dios sabe lo que sucederá a partir de ahora. Espero que haya una gran discusión mundial, debates, reformas. Si no es así, estamos condenados como especie”.

A día de hoy, Bradley todavía permanece aislado a espera de juicio. Su crimen: desvelar torturas de su ejército en la invasión de Afghanistán e Irak. Mientras, todos los gobiernos callan.

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Bradley Manning, EE.UU., Julian Assange, Wikileaks
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El periodismo sí es importante

Héctor Juanatey | 16 diciembre, 2010

Soy de los que opinan que Wikileaks, si no ha marcado una era, sí que ha supuesto un punto de inflexión en el periodismo. Hay y habrá, en mi opinión, un antes y un después del ya conocido como “cablegate”. Y si no, debería haberlo. Mucho se ha hablado en los últimos días sobre el papel que juegan los periodistas y su mundo en todo esto. Continuamente se lanzan preguntas como: ¿por qué no han conseguido los medios las filtraciones? ¿por qué se recurre antes a una organización como la de Assange? No seré yo quien acerque una solución certera a esas cuestiones. Sí es recomendable que nos lo preguntemos, aunque no hallemos una respuesta que nos satisfaga a todos por igual. Pero no es esto de lo que quiero hablar ahora. Lo que me gustaría hoy es romper una lanza en favor del periodismo y de todas y todos los que formamos parte de él.

El martes asistí, junto a 750 personas (sin contar las que no pudieron entrar), al CaixaForum de Madrid para presenciar un debate sobre “El periodismo en la era Wikileaks”. Participaban Javier Moreno, director de El País; Alicia G. Montano, directora de Informe Semanal; Javier Bauluz, director de Periodismo Humano; Borga Bergareche, subdirector de ABC; Giles Tremlett, corresponsal de The Guardian en España; e Ignacio Escolar, bloguero y columnista del diario Público. Pocas veces se reúnen en un encuentro como tal periodistas tan profesionales y dispares al mismo tiempo. Pero, por primera vez, lo que realmente importaba no era el medio de uno u otro. No se trataba de que uno tuviera los papeles y los otros no. Lo que puso de manifiesto el debate es que el periodismo, digan lo que digan, está hoy más vivo que nunca. La expectación generada y la participación de la gente reflejan una nueva preocupación; un nuevo modo de enfrentarse a lo que vendrá. Y esta es la gran oportunidad del periodismo.

¿Habría Wikileaks sin periodistas? Esa es la pregunta que me gustaría hacer. La organización de Assange ha hecho un trabajo excepcional. El hecho de que crearan una organización lo suficientemente fiable como para que alguien les filtrase documentos clasificados de las embajadas estadounidenses lo demuestra. Pero es necesario algo más. Es importante difundir esos cables, explicarlos, investigarlos… Detrás de cada publicación de El País, Le Monde, The Guardian, The New York Times y Der Spiegel (periódicos que tienen los documentos) hay horas y horas de trabajo. Traducción, lectura, selección, redacción… No son tareas sencillas. Que nadie piense que es un trabajo fácil. Requiere dedicación y tiempo. Pero, sobre todo, requiere un verdadero interés por lo que se hace. Exige un querer informar a la gente de la manera más profesional.

Estoy harto de tanto discurso apocalíptico. Harto de que si preguntan qué eres, digas periodista y aparezca esa conocida cara de escepticismo. El periodismo, como todo, está obligado a reflexionar. Hay que cambiar, sí, porque las cosas cambian. La forma de ver el mundo cambia. Pero hablamos de cambio, no de olvido. El último cambio lo ha marcado Wikileaks. Toca ahora que sepamos ver la ocasión que se presenta ante nosotros. Deberíamos olvidarnos de las batallas de titulares y centrarnos en lo que realmente nos pide nuestro trabajo. Y es informar. Lo haremos peor o mejor. En medios gratuitos o de pago. Cobrando e incluso sin cobrar. Pero lo haremos porque, por suerte o por desgracia, nos encanta este trabajo. Con todo lo que ello implica.

*Si queréis ver el debate, El País lo ha subido íntegro a su web.

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El periodismo en la era Wikileaks

Héctor Juanatey | 14 diciembre, 2010

Hoy, martes 14 de diciembre, estaré a las 20.30 horas en el CaixaForum de Madrid para asistir a un debate sobre el papel del periodismo en la era Wikileaks. Participarán Alicia G. Montano (directora de Informe Semanal, TVE); Javier Bauluz (fotógrafo, Premio Pulitzer, director de Periodismo Humano); Giles Tremlett (corresponsal de The Guardian en España); Borja Bergareche (subdirector de ABC); Javier Moreno (director de El País); e Ignacio Escolar (bloguero, ex director de Público), que se encargará del papel de moderador.

Por mi parte, intentaré realizar un seguimiento a través de Twitter con el uso del hashtag #wldebate.

La entrada es libre hasta completar aforo. Además, el debate podrá seguirse en directo a través de la web de El País.

Actualización: Bea Calvo, profesora en la facultad de Comunicación de la Universidad Carlos III, realizó un resumen del debate. Es muy interesante, ya que lo hizo a partir de los tweets más destacados.

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Periodismo, Wikileaks
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Las herramientas de Estados Unidos para acabar con Assange

Héctor Juanatey | 11 diciembre, 2010

“La gente está muy equivocada si piensa que sólo estamos pensando en la Ley de Espionaje. Es algo que puede jugar su papel, pero tenemos otros mecanismos, otras herramientas a mano”. Son palabras de Eric Holder, fiscal general de Estados Unidos, en referencia a un posible juicio a Julian Assange, editor de Wikileaks, por espionaje.

De primeras, la afirmación asusta bastante. Cuando se trata de Estados Unidos, no da muy buena espina que hablen de “otras herramientas a mano” para conseguir lo que desean. Y es que con las que tienen ahora, poco podrían hacer. En el caso de que juzgaran a Assange en base a la Ley de Espionaje -pasemos por encima que se trata de una ley del año 1917- tendrían muy difícil el condenarlo. Sí podrían hacerlo -y probablemente lo hagan-, llegado el caso, con Bradley Manning, el soldado al que acusan de haber robado y filtrado documentos secretos a Wikileaks (por ejemplo, el vídeo que muestra el asesinato de un fotógrafo de Reuters). Existe un precedente en el año 1971. Entonces, Daniel Ellsberg y Anthony Russo, funcionarios de la administración de Lyndon Johnson, filtraron a The New York Times más de 7.000 informes secretos que sacaban a la luz las mentiras de cinco presidentes diferentes sobre la guerra de Vietnam. El periódico estadounidense publicó la información y fue acusado en base a la misma ley de espionaje. Pero no funcionó. El Tribunal Supremo falló a favor del diario afirmando que “sólo una prensa libre y sin restricciones puede revelar honestamente los engaños del gobierno”.

Entonces, ¿qué otros métodos puede usar el gobierno estadounidense? Uno de ellos es sumar a la acusación por espionaje, la de conspiración, aunque es todavía más complicado. Si lo hacen, tendrían que demostrar que Julian Assange convenció a la persona que le filtró los cables de que les entregase unos documentos y no otros. No obstante, es muy complicado demostrar algo así, sobre todo viendo cómo protege Wikileaks a sus fuentes. En resumen, Estados Unidos lo tiene muy difícil. Es aquí donde llega mi preocupación. Holder asegura que disponen de “otros mecanismos”. El republicano Mitch McConnell apunta una forma rápida y sencilla: “Creo que el hombre es un terrorista de la alta tecnología. Ha hecho un gran daño a nuestro país y tiene que ser perseguido con toda la fuerza de la ley. Y si eso se convierte en un problema, habrá que cambiar la ley“.

Las otras posibilidades que se me ocurren quizás sean sólo elucubraciones, pero: ¿qué hay de la denuncia por violaciones en Suecia? Y, en última instancia, ¿qué tal las peticiones de Mike Huckabee, Stepher Harper o Bill O’Reilly? Por si acaso, Assange dejó colgado en Internet un seguro de vida bajo el nombre INSURANCE.AES256. Está disponible para descargar aunque no se puede abrir. El equipo de Wikileaks desvelará la clave sólo si, por algún motivo, su editor sufre un inesperado accidente.

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No es por Wikileaks, es por mí

Héctor Juanatey | 8 diciembre, 2010

Las repercusiones que se están produciendo tras las últimas filtraciones de Wikileaks son muy peligrosas. Y no hablo del peligro que le supone a Julian Assange o a su organización, injustamente perseguidos. Hablo del riesgo que implica permitir que los gobiernos y diferentes empresas multinacionales y multibillonarias como Pay-Pal, Visa o Mastercard convengan en elegir a qué tipo de información podemos acceder y a cuál no. El simple hecho de buscar desesperadamente un hilo legal con el que poder condenar a Assange esconde un miedo brutal a que la ciudadanía conozca las formas de actuación de la alta política.

En los últimos días, los ataques contra la libertad de información se están produciendo uno tras otro. Y no son sólo agresiones contra una organización que tuvo el valor de hacer públicos informes confidenciales relevantes para la sociedad. Nunca secretos legítimos. Esto va mucho más allá. Los afectados somos nosotras y nosotros. Aquí, la que recibe más embestidas es la libertad. Si finalmente sucumbimos a las presiones de Estados Unidos, que no nos extrañe que en unos meses sean perseguidos por espionaje los directores de todos aquellos medios de comunicación que desde un principio apoyaron la publicación de las filtraciones. Que no nos parezca raro que todas aquellas personas que amablemente permitieron que Wikileaks ocupase unos pocos bytes de sus servidores, sean acusados de colaboración con terroristas informáticos.

Quizás en unos años, todas mis entradas se publicarán después de que un grupo censor las apruebe. La persecución contra Assange y Wikileaks ya no me preocupa sólo por ellos. Me atemoriza por lo que puede suponer para nuestra libertad.

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