No nos olvidemos de Panahi
Héctor Juanatey | 20 mayo, 2010“Juro por el cine en el que creo que no voy a cesar mi huelga de hambre hasta que se cumplan mis peticiones”. De esta forma confirmaba el director iraní Jafar Panahi, encarcelado en la prisión de Evin (Teherán) desde el pasado 1 de marzo, que no ingeriría ningún alimento ni líquido hasta que pudiese acceder a un abogado, disfrutar de un régimen abierto de visitas familiares y conseguir la libertad incondicional hasta la celebración del juicio. Lo hizo en una carta que dictó a su familia desde la cárcel y que hizo pública el pasado día 19 la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán (CIDHI). En la misiva, Panahi también contaba cómo “el sábado por la noche varios agentes atacaron la celda 56, nos obligaron a mí y a mis compañeros a salir al patio sin ninguna ropa y nos mantuvieron al fresco durante una hora y media”. Además, “el domingo por la mañana, me llevaron a la sala de interrogatorios y me acusaron de filmar dentro de mi celda, lo cual es absolutamente falso. Entonces me amenazaron con encerrar a toda mi familia en Evin y enviar a mi hija a un centro de detención inseguro en Rajaie Shahr”. Estos hechos fueron los que acabaron provocando que el director iraní decidiese iniciar una huelga de hambre hasta que se cumplan todos sus derechos.
A Panahi le detuvieron el pasado 1 de marzo junto con su mujer, su hija y quince invitados que en ese momento se encontraban en su casa (actualmente, la mujer, la hija y la mayor parte de sus amigos ya están en libertad). El motivo oficial de su detención es que estaba preparando la realización de una película crítica con el régimen ayatolá. Todo lo crítica que podría ser después de pasar la censura a la que se someten todos los cineastas en Irán. Sin embargo, no es muy difícil adivinar que la detención de Panahi tiene que ver con las continuas protestas que realizó por el fraude en la reelección de Mahmud Ahmadineyad, siendo además un defensor del opositor al régimen Mir-Hosein Musaví. De hecho, Panahi ya conoció las consecuencias de apoyar a la oposición cuando fue detenido al asistir a un acto en conmemoración del cuadragésimo día de la muerte de Neda Agha Soltan, una iraní asesinada durante una de las tantas protestas electorales del pasado año. Desde entonces, el director tiene prohibida la salida de su país (no pudo acudir al Festival de Berlín).
Lo más triste del asunto es que la situación de Panahi apenas ha ocupado espacio en las páginas de los diarios en España. Tan solo estos días, debido a la celebración del Festival de Cannes, al que el director debería haber acudido como jurado, los medios se hicieron eco del asunto, sobre todo después de que su compatriota, el director Abbas Kiarostami, haya aprovechado la presentación de su película (Copie conforme), para atacar duramente al régimen de Irán y pedir la liberación de Panahi. Sin embargo, lo peor de todo es que lo más sonado fueron las lágrimas de Juliette Binoche, actriz protagonista de Copie conforme, quien comenzó a llorar al enterarse por una periodista del inicio de la huelga de hambre por parte del director. Aún pidiendo a los medios gráficos presentes en Cannes que, por favor, no la fotografiaran, fue su imagen la que acompañaba a las informaciones sobre el tema en Internet. Por lo menos, la situación de Panahi ha pasado a las portadas.
Desde aquí espero que finalmente el régimen iraní ceda y deje a Panahi en libertad. En toda la libertad que hoy en día le pueda ofrecer Irán. Tengo que reconocer que de sus películas tan solo vi Offside, galardonada con el Gran Premio del Jurado en Berlín, en la que hace una crítica feroz de la situación de las mujeres en Irán, a las que ni siquiera se les permite acudir a un partido de fútbol. He visto una película pero con ella sé que este director hace un cine en el que yo también creo. Ojalá pueda salir y seguir rodando ese cine por el que se arriesga a iniciar una valiente huelga de hambre.
ACTUALIZACIÓN (19:25 horas): Otro director de cine iraní, Mohamad Nurizad, se pone en huelga de hambre tras recibir una paliza en la prisión de Evin.





