Trampas políticas para hacernos pasar por tontos
Héctor Juanatey | 4 Marzo 2010Es difícil saber reaccionar ante un argumento irrefutable. Hay que mantener las formas, saber reconocer que la otra persona lleva la razón y, valientemente, callarse. Sin embargo, este tipo de actuaciones son claramente imposibles para cualquier político. Su lema es más bien el “erre que erre” y algún día tendré razón. Y si no, por lo menos convenceré a alguien de que la llevo, que, al fin y al cabo, para eso estoy aquí.
Hay mil trampas que un político usa para desacreditar una verdad. Sin embargo, una de ellas prima sobre las demás. Es la trampa del lenguaje. Del quito esta palabra, la pongo aquí, elimino esta otra, cambio aquella de sitio y el significado cambia por completo. Esto es lo que han hecho hoy Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, y Leire Pajín, secretaria de organización del Partido Socialista, quienes no han tardado mucho en querer desacreditar la intervención del filósofo Jesús Mosterín, que ayer participó en el debate sobre la prohibición de las corridas de toros en Catalunya. Mosterín, abiertamente antitaurino, aseguró -y no busquen dobles sentidos- que el argumento de la tradición para defender las corridas no es viable, ya que existen otras tradiciones que son claramente deplorables como la ablación del clítoris. Léedlo una segunda vez. En ningún momento se comparan las corridas con la ablación, simplemente se dice que no se pueden defender con un argumento como ese.
Mosterín cometió un error. El de pensar que aquí no buscamos segundos sentidos. Que digas lo que digas, a todo se le puede sacar un lado negativo. Y es que Rajoy, Pajín, grupos protaurinos y diarios de gran credibilidad como La Razón (explica el debate con este titular) o el ABC, no tardaron en tildar de inaceptables las declaraciones del filósofo. ¿Acaso no es cierto que la ablación es una tradición? ¿Acaso no es verdad que los defensores de los toros quieren salvar la fiesta por ser una tradición? Y esto no significa que compare las dos actuaciones, significa que las dos son una tradición, y ni una ni la otra, enormemente diferentes entre sí, se pueden defender con tales argumentos.
No quieran hacernos pasar por tontos. Para la próxima, si no quieren aceptar que su defensa es insostenible, no lo reconozcan, no hace falta. Aprieten mucho los puños y hagan lo que todos hicimos alguna vez de niños: pongan la cara de pera. Les sentará mejor.








