Yvo de Boer y las mil y una últimas oportunidades climáticas
Héctor Juanatey | 19 febrero, 2010El mayor de los optimistas sabía, o por lo menos temía, que la cumbre del clima en Copenhague no llegaría a buen puerto. A nadie sorprendió por lo tanto que así fuera. Fueron nueve días de reuniones, conferencias y discursos maratonianos que sirvieron únicamente para llenar y aumentar los archivos y bases de datos de televisiones, radios, periódicos y medios digitales. Ministros y responsables de 189 países se dedicaron a apoltronarse -no todos- en sillones acolchados para, llegado su turno de intervención, levantar la voz y pedir que de una vez por todas se llegase a un consenso porque -¡cuidado!- el Protocolo de Kyoto caduca en 2012. Palabras vacías y papel mojado.
Un auténtico fracaso, dijeron todos. El primero, Yvo de Boer, máximo responsable climático de la ONU, quien días antes avisó de que se dijese lo que se dijese en Copenhague, si no había acuerdo para renovar Kyoto o por lo menos establecer un futuro protocolo, la reunión fracasaría. Ayer, Yvo anunció su dimisión, para sorpresa de todos. Dijo que su decisión era puramente personal y no tenía nada que ver con los resultados negativos de Copenhague. Nadie le creyó. De Boer se marchará en julio por la puerta delantera. Sin miedo y muy decepcionado, porque nadie estará mirando. Los dirigentes de los países más contaminantes ocuparán la puerta trasera, se frotarán las manos y resoplarán aliviados porque el “gran timonel del proceso climático” (así llamó Martin Kaiser, responsable de la política internacional climática de Greenpeace, a Yvo de Boer) se marcha dejando vacío un puesto no muy venerado. Fuera del recinto, permanecerán las asociaciones y organizaciones ecologistas, lamentando esta dimisión pero esperando que sirva de algo, que abra los ojos de la ONU, de los países, de la gente. ¡Por favor, el cambio climático es cierto! De Boer se marcha al sector privado y académico, pues cree que solo desde ahí será posible el cambio. Aunque es tan solo una creencia.
Copenhague era hace unos meses la última oportunidad para alcanzar una acuerdo que mejore el planeta. Lo fueron antes Bali y Poznán. Ahora, lo será México y, algún día, no quedarán más últimas oportunidades a las que aferrarse.






TRanquilo, ya estamos acondicionando la Luna para cuando la Tierra apeste demasiado. Eso sí, los negros y los asiáticos no podrán venir con nosotros, sería demasiado, fijo que lo contaminaban todo otra vez.